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Hotel Cumbres Patagónicas
 
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LA SIBARITA [www.planetavivo.com]


Nuestra gozadora insaciable, Jacinta Baquedano, está de vuelta. Nos abre el año con un hotel que se ganó por primera vez sus 99 puntos, sobre 100.
Jacinta Baquedano

No me envidien, pero escribo esta nota desde el bar del Hotel Cumbres Patagónicas en Puerto Varas, a la sombra de un rico Campari. Mientras, miro por sus ventanales el lago Llanquihue con su majestuoso volcán Osorno y ninguna nube se interpone en mi visión. El bar, cálido y entrañable, creo que es uno de los más exquisitos que he conocido en mi vida. Madera, cuero, roca volcánica, barra y una gentileza que asombra y que me tiene casi trastornada. Diría que es un hotel para gozarlo las 24 horas del día sin siquiera salir de el.

Pero les cuento por qué llegué al sur. Dejé de visitar hoteles desde el terremoto, quedé aterrada con tanto temblor, y aprovechando las bajas tarifas de LAN y las de este hotel, decidí viajar un fin de semana y sacarme el estrés. Además, ya saben que tengo amigos en la zona y pasaría un wikén de lo más entretenido. Una hora y media de vuelo y el paraíso a la vuelta de la esquina.

El Cumbres cubre parte importante de una colina ubicada en pleno centro de la ciudad. Siete pisos con todo lo imaginable. Gimnasio, piscina y masajes en las alturas y en sus pisos bajos un gran centro de eventos. 92 habitaciones en sus cinco pisos destinadas a ellas, un gran living onda patagónica, con pieles, chales de lana y una gran chimenea siempre prendida, un comedor de dos pisos y este bar, donde ahora escribo y que me ha enamorando.

Claras habitaciones con una vista maravillosa (con razón dicen que la vista es el mejor amenitie del hotel). Una gigantesca cama a mi disposición con plumones y sábanas de esas que dan ganas de quedarse flojeando en las mañanas. Plasma de última generación y todo lo que se puede pedir en un cuarto hotelero de alto nivel donde nada desentona. Pero los cálidos ambientes del living y bar hacen que los pasajeros no se queden en sus habitaciones y gocen los espacios públicos tanto o más que la comodidad de sus cuartos.

Ricos desayunos con jamones y salmón ahumado elaborados en casa; mermeladas de la zona y buen café. Fruta de la estación, jugos verdaderos y los infalibles huevos con tocino y pastelería regional completan el cuadro. Personal rápido y atento a todos los requerimientos (un verdadero descubrimiento en la zona). Desayunos largos, de esos conversados con amigos y turistas en espera de vehículos que nos transportarán a las decenas de entretenimientos y actividades que ofrecen los alrededores.

Un largo viaje en catamarán hasta Peulla me espera junto a un grupo. Volcanes, selva y bosques en un apacible y soleada travesía. Almorzamos en ese recóndito villorrio que alberga solo a 150 habitantes. Al regreso, a la piscina temperada y una cena de mantel largo.

El relajo del agua me dio apetito. Hambre a decir verdad. Tras un breve paso por el bar a hidratarme después del baño y la sauna, mi aperitivo de rigor en este soñado lugar. Un plasma transmitiendo futbol y grupos de amigas bebiendo distendidamente en un lugar donde el tiempo pareciera no tener importancia alguna...
 
 
 
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